Según narró Silva Ruete, a quien Vargas Llosa llama cariñosamente “gordo Silva” en novelas como “El pez en el agua”, este le pidió que lo ayude a quemar un cajón lleno de versos al concluir “que no era bueno como poeta”.
“Tomaba decisiones radicales. Me dijo yo voy a ser un mal poeta, prefiero dedicarme a hacer novela. Me pidió que lo acompañe a quemar sus poemas y así lo hice pero me cogí uno de sus versos”, comentó. El ex ministro también contó que la carpeta que compartió con Vargas Llosa en el colegio se convirtió en una suerte de objeto de culto, puesto que le pusieron una cinta a fin de que ningún alumno más la utilice.




























































0 comentarios:
Publicar un comentario