KATHERINE SUBIRANA ABANTODe pronto, la casona en la que vive Marisol Prado y otros inquilinos, ubicada en la cuadra tres de la Av. Francisco Pizarro, en el Rímac, dejó de ser una imagen sacada de una postal de la época colonial para convertirse en el escenario de un cuento de terror digno de Allan Poe. El tiempo y la falta de un adecuado mantenimiento descarnaron sus muros y tornaron sus ventanas en grandes ojos vacíos.
Dicha casona es uno de los 112 predios considerados monumentos históricos que el distrito del Rímac alberga: casi todos tugurizados, algunos declarados inhabitables y muchos en estado de emergencia. Sin embargo, las 8.500 familias que los habitan prefieren continuar caminando al borde de la precariedad, que abandonar el lugar donde viven. No tienen adónde mudarse. Tampoco quieren hacerlo.
La mitad de la casona en la que vive Marisol y otras 49 personas se vino abajo hace dos años. El espacio donde vivía cayó y se mudó al de al lado. Tras ello nadie abandonó el lugar, sino que encontraron la forma de hacinarse para vivir lo más decentemente posible hasta que se haga realidad un sueño que albergan hace 7 años: formar parte del programa Rímac Renace y, con la ayuda de los municipios distrital y provincial, y la cooperación internacional, restaurar su hogar.
Paula Escalante, también habitante de la casona, cree que lo mejor que pueden hacer es esperar. “Cumplir el sueño de ver nuestra casa restaurada, bien vale que por ahora se viva una pesadilla”, dice.
PROYECTO DE VIEJA DATA
En el 2004 el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)aprobó el financiamiento de un estudio para evaluar el estado de las casonas del Centro Histórico del Rímac, punto de partida del proyecto Rímac Renace, iniciativa de Horacio Gago Prialé, director de ELIS, institución cuyas siglas significan Eficiencia Legal para la Inclusión Social .
“Los estudios fueron rigurosos. La idea es recuperar el Centro Histórico del Rímac sin tener que desalojar a los vecinos de sus casas. Tampoco es regalarles el arreglo: se les va a facilitar el acceso a créditos para que puedan arreglar sus viviendas y volverse propietarios de ellas”, explica Gago, coordinador y asesor de Rímac Renace.
Destaca que este proyecto, que busca restaurar al menos 30 casonas del Rímac consideradas monumentos históricos, apuesta por la renovación urbana con inclusión social.
Mariana Alegre también trabaja en ELIS y completa lo dicho por Gago: “Al hacer partícipe a la gente del barrio en el proceso de renovación, ellas mismas buscan mejorar su calidad de vida”.
Y la posibilidad de que esto suceda se ve cada vez más clara: el 2009 se aprobó la Ley 29415, de Renovación Urbana con Inclusión Social y Transferencia Masiva de Propiedad a los Vecinos. Su reglamentación se publicó en noviembre del año pasado, y en enero de este año los municipios del Rímac y Lima firmaron un convenio con el PNUD para retomar el proyecto.
Horacio Gago se pasea por el Rímac entregando a los vecinos un folleto que explica cómo deben organizarse para entrar al proyecto. “Esta vez sale sí o sí”, dice.
TRABAS POR ROMPER
Los estudios se terminaron hace cinco años, pero actualizarlos no generará grandes costos. Los problemas son otros: el financiamiento, los trámites con el Ministerio de Cultura, la condición de inquilinos de muchos vecinos y el hecho de que los dueños de los predios ponen trabas para las ventas.
Ante ello, el gerente de Desarrollo Urbano de la Municipalidad de Lima, José Antonio Vargas Vía, comparte el optimismo de Gago. “Nosotros queremos replicar este programa en Barrios Altos. Para ello, debemos asegurar primero el éxito de este. Tenemos reuniones constantes para sortear las trabas”, explicó.
Después de conseguir restaurar las primeras 30 casonas, el proyecto se ampliará a 47. Los vecinos esperan ilusionados estas mejoras. La ciudad también.




























































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