Damasco (Reuters). Miles de asistentes al funeral de una persona muerta en las protestas contra el Gobierno en Siria quemaron el sábado una sede del gobernante partido Baath y una comisaría de policía, mientras las autoridades liberaron a 260 presos en un intento por aplacar el descontento.
En tanto, tres hombres con el pecho al descubierto se encaramaron a la estatua del fallecido presidente Hafez al-Assad, que fue derribada el viernes, en unas imágenes que recordaron el derrocamiento de una estatua de Saddam Hussein en Iraq en el 2003 por parte de las tropas de Estados Unidos.
Un testigo afirmó que mostraban carteles que decían: “El pueblo quiere la caída del régimen”, las mismas palabras que se escucharon en las revueltas populares en todo el mundo árabe, desde Túnez y Egipto a Yemen.
En la vecina Tafas, asistentes al funeral por Kamal Baradan, que murió el viernes en Deraa, prendieron fuego a la oficina del partido Baath y la comisaría de policía, según residentes.
Tales manifestaciones habrían sido impensables hace un par de meses en el país más controlado del mundo árabe. Pero los disturbios llegaron a un punto crítico, después de que la policía detuviera a más de una decena de escolares por pintar grafitis inspirados en eslóganes usados por otros manifestantes prodemocráticos en el extranjero.


























































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