Ello sucede por la tradición de nuestra lengua, que hasta hoy traduce los nombres propios extranjeros en lo que a Papas y miembros reales se refiere. Para los demás, “acepta el nombre y el apellido extranjero”.
Según explicó el académico y coordinador de Ortografía de la Real Academia Española (RAE), Salvador Gutiérrez, a la agencia AFP, “la tradición de hispanizar los nombres y apellidos se remonta a la época del Renacimiento. Entonces, casi todos provenían del latín, así que se traducían al castellano”.
Por eso es que Kate, cuyo nombre completo es Catherine, pasará a llamarse Catalina. Lo mismo sucede con el príncipe Guillermo, que en inglés se llama William.






















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