
El departamento de oftalmología de la
universidad alemana Tubinga consiguió, mediante un experimento que
consistió en implantar un microchip en la retina, devolverle la vista a
cinco personas.
El implante
transforma las imágenes en impulsos eléctricos, que a su vez son
transmitidos al cerebro a través del nervio óptico. Las personas
atendidas pudieron identificar objetos, ver la hora en la reloj,
diferenciar tonos gris y distinguir palabras.
Estas personas sufrían de trastornos heredados por la disfunción de retina que ocasiona la ceguera congénita.




























































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