miércoles, 2 de marzo de 2011

CRÓNICA: el dulce recuerdo de las golosinas del ayer


No hay niño que se resista a un dulce y no hay razones que puedan impedirlo. Los padres intentan disuadirlos, hablan de lo inútiles que son, del dolor insoportable de las caries, que no tienen proteínas –ni vitaminas –, que los dejarán enanos para toda la vida. Pero, igual, los niños insisten y, por lo general, vencen y endulzan sus paladares.

A todos nos ha pasado. No se hagan. Si alguien no ha sucumbido a un dulce, no ha vivido. Hemos tenido momentos ‘sublimes’, ‘mostros’, que hemos compartido con nuestros enemigos ‘moticucos’ que ahora forman parte de nuestro pasado.

Los niños de los ochenta han transgredido los límites de lo sano con el recordado Chocomel, ese polvillo de cacao que ensuciaba el uniforme escolar, o han tenido en la envoltura amarilla del chocolate Juguete (se llamaba así porque traía de yapa un juguete) la felicidad en pleno. También estaban el tradicional Muss de Cremino, el Cua-Cua o los chocolates rellenos de crema de fruta de D’Onofrio.

Para los que gustaban del chicle tenían el gigante Dos en Uno con su envoltura de rayas oblicuas rojas o amarillas (según el sabor: de fresa o plátano) o el Chicle Bomba, cuya mascota distintiva era un pequeño elefante azul (con el chicle venía una figurita).

Si se trataba de caramelos uno podía escoger entre el económico Monterrico, un paquete de Coco-Roco (recuerde la frase: “¿Es un cocoroco lo que toco?”. La publicidad del caramelo la acuñó), los Picolines (chupetín) y los ositos Bongó.

Más allá estaban los snacks y galletas: Chomp de naranja o vainilla, la galleta Victoria, el Tico-Tico, galletas Pippo, Miami, Marquesitas de Royal, Crisp y la Charada (de chocolate o maní).

Más cerca, en los años noventa, estaban el chocolate Sapito, Chocopunch, Bolimbo (super, hiper ácido), los chocolates Golpe y Mostro.

PRODUCTOS ESTRELLA
La lista es interminable y los dientes perdidos muchos más. Varias de estas marcas han desaparecido o se han reinventado. Un clásico de clásicos es el Sublime. ¿A qué se debe que haya permanecido imbatible a lo largo de los años y se mantenga como un chocolate líder? Alberto Haito, director de Arellano Márketing, explica que el caso del chocolate con maní es casi único. Se trata de una marca sumamente fuerte, cuya calidad se ha mantenido inalterable.

Sin embargo, su presentación a lo largo de los años ha cambiado. El Sublime original estaba envuelto en papel de manteca que traslucía el chocolate; asimismo, hubo un tiempo en que se pretendió hacerlo más pequeño, se volvió a lanzar el Sublime blanco (ingresó al mercado a inicios de la década del 70 y se fue a mediados de los ochenta) pero, al final, la esencia es la única que pervive.

Pero más allá del propio producto, está el soporte publicitario que tuvo y el respaldo de dos grandes empresas como D’onofrio y, luego, Nestlé, sus propietarias.

Las golosinas están calificadas como productos de impulso, es decir, que la compra se decide en el punto de venta. Según Haito, por ser orientados principalmente a niños, este tipo de productos requieren renovar su presentación, sabor y estrategia constantemente.

“Los gustos entre los niños consumidores de ayer son distintos a los de hoy. Ahora exigen esencias más fuertes; por ejemplo, hoy las galletas tienen rellenos más abundantes, antes no lo eran. Las gomas de mascar tienen sabores extremos, son más ácidas, en general le agregan más atributos”, señala.

Haito señala que es común que las golosinas se renueven: los niños buscan la novedad y se distraen con productos distintos, por eso, frecuentemente, las empresas tienen que innovar. ¿Cuanto tiempo suele durar un producto? No hay fórmula que lo diga.

Otras marcas que continúan en el mercado, pero con una presentación distinta y nuevo productor, son: Cream Crackers, Chizitos, y Gansito. Por su parte, Sorrento y Tico-Tico han regresado como los grandes.

Algunas volvieron con un nombre distinto como el chocolate Alí Babá (ahora Mustafá) o las galletas Crisp (hoy Ritz).

LAS FÁBRICAS
Así como desaparecieron los productos, los fabricantes del mercado también se renovaron. Es el caso de Arturo Field, la empresa que da el punto de partida al mercado de golosinas en el Perú en 1864. Para 1992, la compañía pasa a manos de la norteamericana Nabisco, que 7 años después sería adquirida globalmente por Kraft Foods.

Otros casos memorables son los de D’Onofrio, empresa que fue comprada por Nestlé en el 97, y El Tigre, fundada en 1875 y adquirida en el 92 por Ameral. Otra compra realizada fue la de la colombiana Compañía Nacional de Chocolates de lo que antes era Winters.

Se trata de un mercado en constante movimiento, pero para los consumidores, como siempre ocurre en la vida, los dulces recuerdos permanecen fijos.

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